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jueves, 12 de mayo de 2016

BRASIL: OTRO EPISODIO DEL “FIN DE LA ERA PROGRESISTA”

BRASIL: OTRO EPISODIO DEL “FIN DE LA ERA PROGRESISTA”
El papel de la economía en la historia de los gobiernos progresistas ejemplificado en el caso brasilero.(segunda parte)
Nao e golpe; nao...

Autor: William Yohai
12 de mayo de 2016

Tal vez el diagnóstico que ensayamos en la primera parte de este trabajo “Brasil se está subdesarrollando”[1] haya sonado un tanto radical. Por un tema de rigor expositivo habría que, aunque sea en forma ultra somera, ensayar una definición de “desarrollo económico”. Industrialización, predominio de la producción de alta teconología, aumento de la inversión en investigación científica y desarrollo, mejora de los niveles de vida de la población con énfasis en la reducción de las desigualdades, mejora de los niveles educativos y de salud pública. Son probablemente los puntos más destacados que diferencian los países considerados “desarrollados” de aquellos “emergentes” o “subdesarrollados”.
Las cuentas nacionales de Brasil, de acuerdo a lo que informa el IBGE dan una idea cabal de la evolución de algunos de estos parámetros los últimos años, en particular aquellos que corresponden a la “era progresista” del país bajo análisis. Corresponde una aclaración metodológica; las cifras que se representan en la escala vertical son índices que relacionan evolución de la variable del título con el valor agregado total, símil, éste último, del producto interno bruto. Estos valores sólo tienen sentido para ilustrar la evolución de las variables en el tiempo, no su magnitud estática. 

En la primera gráfica se sumaron los índices descritos y se correlacionaron con el valor agregado total. En las demás se correlacionaron los índices individuales. Es por ello que la primera comienza con una cifra cercana a 3 y las otras con 1.
  
  
 

Las dos gráficas precedentes ilustran uno de los aspectos reseñados como centrales a lo que se puede considerar desarrollo económico. Tanto los factores que conjuntamente pueden considerarse como “industria” (Industria de transformación o manufacturera, construcción y electricidad) cuanto el que representa mejor por sí mismo el fenómeno (“industria”) muestran una tendencia descendente a lo largo de la última de?ada y media, que corresponde aproximadamente con los gobiernos Lula-Dilma. Esto se correlaciona bien con lo que informábamos en la primera parte respecto a la participación de las exportaciones de mediana y alta tecnología en el total.

   
La gráfica precedente abunda en el mismo sentido. Más allá de la retórica y el relato progresista acerca de la prioridad concedida a la educación y salud públicas, los números de cuentas nacionales son contundentes. Hay una tendencia sistemática a la caída de su participación en el valor agregado total. El alza del último año refleja, probablemente el aumento de la participación de cierto gasto público inelástico ante la caída del pbi general.

 

Es claro el papel de la inversión (definida según la denominación de cuentas nacionales como formación bruta de capital o formación bruta de capital fijo) en el desarrollo económico. Difícilmente se desarrollará una economía sin un papel relevante de ésta.
La gráfica de arriba muestra, en este sentido, un panorama mixto: crecimiento de la inversión  relativa desde niveles deprimidos vinculados a la crisis de inicios de los 2000 y caída a partir de 2013-14, cuando la reducción de los precios de los commodities de exportación afectan al conjunto de la economía.

 

Si algo contribuye a dificultar el desarrollo económico y la equidad social dentro del capitalismo es, sin duda, el aumento del peso relativo de las finanzas. Y, tal cual lo sugería el análisis de la deuda pública expuesto en la primera parte de este trabajo, las cuentas nacionales reflejan claramente, a partir de 2004-5 la creciente relevancia del sector. El auge de 2015 expone el aumento de los pagos de intereses de deuda pública.
EN SUMA: los fenómenos políticos que ocurren hoy en Brasil están fuertemente correlacionados con la evolución  que observamos al analizar la economía del país. Si bien coincidencia en el tiempo no es sinónimo de causalidad, en este caso todo indica que hay una relación profunda entre la crisis política que parece pronosticar una caída del gobierno Dilma-Lula con la evolución económica de los años precedentes y la inevitable crisis de este modelo capitalista fuertemente dependiente de la exportación de productos primarios.
En la primera parte establecimos dos posibilidades de evolución de mediano plazo posibles: 1) que un shock externo positivo (básicamente un aumento significativo de los precios de los principales productos exportables) propicie una reversión de la crisis económica y una reanudación del crecimiento dentro del mismo modelo económico.
2) En ausencia del anterior, una profundización de la crisis con más desempleo, menos ocupación, caída del salario real y aumento de la capacidad productiva ociosa. Todo ello posiblemente condimentado con una crisis financiera y de pagos de la deuda pública. Al final de este proceso y una vez extremado el ajuste por la vía del precio de la fuerza de trabajo, un nuevo ciclo de crecimiento económico en medio de una brutal situación de la clase trabajadora. La historia dirá.
A MODO DE EPÍLOGO:
Ya es oficial; Dilma Rousseff ha sido apartada de su cargo por una amplia mayoría de votos en el senado.
Para algunos es un golpe de estado.
Para nosotros no lo es. Razones: 1) Todo el proceso ha sucedido dentro del marco de las reglas de juego que fija la constitución brasilera. Se dice que Dilma es mucho más honesta que los diputados y senadores que la están, prácticamente, destituyendo. Eso es muy discutible. Ciertamente la mayoría de los parlamentarios brasileros son corruptos. El problema es que, si bien todo parece indicar que Dilma no se ha enriquecido personalmente, es muy probable que dineros sucios provenientes del saqueo del estado hayan financiado su campaña política. Lo más importante: Dilma traicionó sus promesas de campaña electoral cuando dijo que, a diferencia de su contricante Aecio Neves, no iba a aplicar un ajuste fiscal y social. Una vez que ganó  nombró a un banquero como Joaquim Levy como ministro de economía. Y éste comenzó de inmediato a aplicar, como era de esperarse, un plan de ajuste neoliberal. Algunas de las medidas que propusieron Dilma-Levy se trancaron en el parlamento por razones de politiquería.
Dilma nombró como ministra de agricultura a Katia Abreu, una representante de los terratenientes latifundistas y el agronegocio. Cuando uno escucha a los que sostienen que estamos ante un golpe antidemocrático decir que el parlamento brasilero está dominado por las bancadas “boi, bala y biblia” y que estos son los que destituyen a Dilma uno no puede menos que asombrarse ante la incoherencia: ella fue la que puso a la bancada “boi” en un ministerio clave. Por no hablar de los crímenes contra jóvenes pobres y negros en las favelas y luchadores por el derecho a la tierra. Dilma fue aliada hasta hace pocos meses de algunos de esos mismos sectores. A Temer lo puso ella como candidato a vicepresidente. Difícilmente pueda alegar que desconocía la catadura moral y política del personaje.
2) Se sostiene que Dilma cuenta con el voto de 54 millones de brasileros, por lo cual destituirla es antidemocrático. Sin conocer con exactitud los votos que eligieron a los parlamentarios destituyentes se puede afirmar que seguramente son muchos más que los que eligieron a Dilma. Más de 2 tercios de los miembros de ambas cámaras han votado la destitución.
3) La supuesta  condición de “delito de responsabilidad” del desvío de fondos presupuestales con el fin de esquivar la “regla fiscal” que marca la constitución brasilera, motivo esgrimido para el juicio político, es refutada por los opositores a éste con el argumento que “todos los presidentes anteriores lo hicieron, incluyendo Dilma en su primer mandato y no pasó nada”. Argumento pobre y absurdo; se parece a aquel contrabandista en la feria que, al ser detenido in fraganti argumenta que hace tiempo que vienen haciéndolo, él y otros, y nos pasaba nada.
Precisamente, si la constitución establece que, en ciertas circunstancias el parlamento (con el visto bueno del tribunal constitucional que así falló en este caso) se puede, contando con mayorías especiales, juzgar e incluso destituir a un presidente, es porque estamos ante un asunto político y no estrictamente legal.
El parlamento no es un órgano jurisdiccional. Si se establece que debe actuar como tal se presupone que, en ese caso, actuará como lo que es: UN ÓRGANO POLÍTICO.
Los defensores de la tesis del golpe sostienen que Temer aplicará, con el apoyo de las cámaras empresariales y los sectores más reaccionarios del país, un plan masivo de ajuste y privatizaciones. Más aún, se anticipa un cambio de la política exterior de Brasil más afín a los afanes imperiales de EEUU y la OTAN.
No tengo duda que lo intentarán.  
El gobierno Temer nace con graves problemas de legitimidad. Es, de pique, sumamente impopular. No me extrañaría que dentro de muy poco los mismos millones de personas que se manifestaron apoyando la destitución de Dilma empiecen a salir a las calles exigiendo la salida de Temer.
En circunstancias como estas el pueblo brasilero tendrá la última palabra.
No parece que exista en Brasil una fuerza revolucionaria que pueda captar y organizar la inmensa energía que se está generando en rechazo a este sistema político corrupto y al capitalismo subdesarrollado predominante.
Circunstancias como estas crean las condiciones para que una fuerza así aparezca.
El final de esta historia es abierto.


[1]             www.resonandoenfenix.blogspot.com/BRASIL: OTRO EPISODIO DEL “FIN DE LA ERA PROGRESISTA”
                El papel de la economía en la historia de los gobiernos progresistas ejemplificado en el caso brasilero. (primera parte)

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